La mirada extraña de F. Martínez

Creo que no es habitual hacer reseñas del primer capítulo de un libro, pero también creo que, si me espero a leer el libro entero, no me cabrán todas las ideas en la cabeza y renunciaré a escribir nada, por ser incapaz de escribirlo todo. Tampoco es habitual que emplee este espacio para escribir sobre ciencia-ficción. Pero la ciencia-ficción es una parte importante de la cultura científica, y, aunque no sea su objetivo, en libros como La Mirada Extraña conecta plenamente con la justicia social. Así que allá voy. Seré muy breve.

Empezaré, por honradez, avisando de que Felicidad Martínez es mi amiga, y admitiendo que como escritora me gusta mucho, pero no tanto como mis favoritos, pongamos Ursula Kroeber LeGuin o Greg Egan: la amistad no me ciega hasta ese punto. Pero su trabajo me sigue pareciendo asombroso. ¿Por qué? Por ejemplo, porque en el primer capítulo de La mirada extraña, apenas 12 páginas, F. Martínez ha conseguido:
1) Que, al acabar de leer el capítulo, me lo vuelva a leer desde el principio: para saborearlo y para no perderme detalle. Y con el convencimiento, por conocer a la escritora, de que no me está contando cosas que se le pasan por la cabeza, sino que más bien está permitiendo que me asome con prudencia por un ventanuco a través del que me muestra escenas seleccionadas de un paisaje inmenso y rico.
2) Presentar dos sociedades alienígenas (¿o tres?) y sus extrañas miradas: un patriarcado y un matriarcado extremos, y algo intermedio. Diferentes culturas, diferentes fisiologías, y diferentes formas de hablar. Muy interesante, y con ecos lejanos de La Textura de Las Palabras, la relación entre formas de comunicación y formas de organización social.
3) Mostrar convincentemente la violación (homo- y heterosexual) como mecanismo social para establecer la jerarquía e incluso para establecer el género. Mostrar la violación a la vez como algo aceptado, necesario para el mantenimiento del orden social, y como algo espantoso, cuya desaparición es un objetivo primario de la transformación social.
4) En lo que se huele como una invasión colonial con choque cultural, poner el ojo en los pueblos indígenas. Y hacerlo de forma nativa, con valentía, respeto y empatía, en vez de recurrir al socorrido blanco-infiltrado-que-es-mejor-que-los-nativos, tipo Bailando con Lobos, El Último Samurai o Avatar.
5) Introducir expresiones verbales inhumanas -que son el reflejo de formas de vivir y de pensar inhumanas- de forma tan eficaz que las asimilas e interiorizas, y te encuentras riéndote poco después cuando se emplean conversacionalmente y con gracia (aquí me estoy colando ya en el capítulo dos).

No me extiendo más o será más larga la reseña que lo reseñado. Leed a esta ingeniera técnica en diseño industrial que es a la vez la persona más creativa que conozco. Leed La Mirada Extraña.

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