Me he comido una hamburguesa. ¿Voy a morir?

La respuesta corta es que sí, que vas a morir (aunque seguramente no por comer hamburguesas). El informe publicado hoy por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, que analiza y resume multitud de estudios anteriores, clasifica “el consumo de carne roja como probablemente carcinógeno para los humanos (Grupo 2A), basado en evidencia limitada de que el consumo de carne roja causa cáncer en los humanos y fuerte evidencia mecanicista apoyando un efecto carcinógeno“. Esto no supone una desviación importante de informes anteriores de su homóloga estadounidense, que ya advertían de que tu riesgo de morir de cáncer aumenta si comes cantidades excesivas de carnes rojas cocinadas (“excesivo” es más de medio kilo a la semana) o bien cualquier cantidad significativa de carnes procesadas (bacon, jamón serrano, hamburguesas…).[1] Aquí es importante tener en cuenta que no hablamos de un estudio aislado, sino de una colección de metaestudios que recogen datos de miles de casos de cáncer, con cientos de miles de participantes: décadas de trabajo.

Vale, entonces quedamos en que el bacon, el jamón serrano y las hamburguesas dan cáncer. Esto está muy bien (sobre todo si eres vegetariano, en otro caso es un dolor), pero, en la práctica ¿tú qué vas a hacer? ¿Reducir la ingesta de carnes rojas cocinadas y de carnes procesadas? ¿O pasar de todo porque al final los médicos y los científicos somos unos agonías y de algo te tienes que morir?

Aunque en el día a día es probable que lo vayas a decidir emocionalmente, tener unos números delante nos puede ayudar a ganar perspectiva, porque al final la vida es evaluar riesgos y hacer compromisos entre pros y contras. Según leo, por cáncer colorectal en EEUU, en una ciudad mediana (un millon de personas) esperan algo más de 400 casos por año, que se traducen en algo más de 150 muertes por año. Con una alimentación adecuada, ejercicio moderado y un peso adecuado de ese millón de personas, se evitarían algo más de 200 casos al año, es decir, unas 75 muertes al año. Otro estudio obtiene que cada incremento en el consumo, por persona, de 120 g/día de carne procesada + carne roja cocinada, para un millón de personas, conllevan más de 100 casos extra al año, o algo menos de 50 muertes extra al año.[2] De acuerdo con el informe reciente, referido a todo el mundo (en general, tanto el consumo de carne roja como la incidencia de cáncer de colon tienden a ser menores en países pobres), el promedio sería más bien de 30 muertes extra al año por millón de habitantes, con un incremento de 120 g/día de carne roja.

¿Y qué son 75 muertes al año por millón de habitantes (lo que se ahorrarían en EEUU comiendo sano y haciendo ejercicio)? ¿Y qué son 50 muertes extra al año por millón de habitantes (lo que pagarían por aumentar la ingesta de carnes rojas y procesadas en 120g por día y habitante)? Yo vivo en un pueblo de 10 000 habitantes: si de repente todos comemos sano y hacemos ejercicio moderado, apenas tocamos a un muerto menos al año por cáncer de colon. Y al revés: si cada persona de las 10 000 de mi pueblo añade un cuarto de kilo al día de carnes procesadas y carnes rojas cocinadas a su dieta, se esperará que muera uno más al año de cáncer de colon.[2] ¿Eso mucho o es poco?

Para conseguir una comprensión intuitiva de un número, ayuda tener en la cabeza otros números. Esto pasa mucho en ciencia, por cierto. Por accidentes de tráfico en España fallecen cada año entre 20 y 40 personas por millón de habitantes. Y nos parece algo grave, así que seguimos invirtiendo en campañas informativas, y endureciendo las normas, para reducir este número. Y por accidente laboral mueren en España casi 10 trabajadores por millón de habitantes y año, que es como decir unos 25 trabajadores por millón de trabajadores y año. Esto tiene muy poca visibilidad comparado con el tráfico, pero en realidad también es mucha gente, y también son muertes evitables: incluso dentro de los países “ricos”, hay tremendas variaciones en tu probabilidad de morir en el trabajo, dependiendo de en qué país trabajes.

Así que, volviendo al tema, no, comer hamburguesas probablemente no te matará: el aumento de riesgo es moderado. Pero sí, comiendo carne procesada o un exceso de carne roja estás poniendo en riesgo tu vida, y sí, es comparable o superior a otros factores de riesgo a los que se les da mucho más bombo. Por ponerlo en otro marco y ayudar a fijar conceptos: los cánceres colonorrectales suponen alrededor del 10% del total de las incidencias de cáncer y alrededor del 8% del total de las muertes por cáncer.

Y ya que estamos con los cánceres colonorrectales, hay pruebas convincentes de que aumentan el riesgo de sufrirlos:
-las carnes rojas
-las carnes procesadas
-las bebidas alcohólicas (en hombres)[3]
-la grasa corporal
-la grasa abdominal
-los factores que llevan a alcanzar mayor altura en la edad adulta
y hay pruebas convincentes de que disminuyen el riesgo:
-la actividad física
-las comidas que introducen fibra en tu dieta.

[1] En realidad no hay gran novedad en esto, como es de esperar en informes apoyados en metaestudios ya publicados. De ahí que haya podido escribir todo el texto, salvo retoques, basándome solo en lo que ya se sabía ayer. Para quien tenga interés, dejo aquí un enlace al informe y un par de otros enlaces relacionados:
*Monografías de la IARC evalúan el consumo de la carne roja y de la carne procesada
*Red Meat, Bacon, Processed Meats and Cancer: Back in the News
*The Prevention of Colorectal Cancer
[2] Todos los países no son iguales: en España estamos algo peor. Por millón de habitantes, esperamos algo más de 330 muertes al año por estos tumores (250 por el de colon y otros 80 por los de recto, rectosigmoide y ano).
[3] Tampoco te pienses que por ser mujer tu colon está a salvo del alcohol. En mujeres se han obtenido menos datos y la conclusión es menos clara.

Avanzo cuando intento demostrar que me equivoco

Empiezo por la economía, pero no te alarmes: a partir del tercer párrafo vuelvo a lo mío, que es la ciencia. Como quizá te ocurra a tí, me gustaría entender mejor la economía, para así poder decidir con criterio de qué formas seguir trabajando por un mundo mejor. Para esto me sirve, por ejemplo, leer a Ha-Joon Chang. Él es institucionalista, desarrollista, Keynesiano y capitalista, cuando yo soy más bien eco-anarquista, anarcafeminista, anarcocomunista. Es decir, que no compartimos buena parte de la escala de valores. Bueno, y él es profesor de Economía en Cambridge, y yo… no. Chang es una persona intelectualmente honesta, muy inteligente, que argumenta bien, que se documenta muy bien y que escribe muy bien, y esto hace que se aprenda mucho leyendo sus libros. Y, como me hace poner en duda mi posición ideológica, me lleva a pensar más y a buscar más fuentes de alta calidad para seguir avanzando, entendiendo y actuando de forma coherente con mi posición ética. Claro, también avanzo cuando leo a gente más afín, si comparten el ser intelectualmente honestos, inteligentes, argumentar bien, documentarse bien y escribir bien. Puedo avanzar sin confrontación, pero si me expongo a un pensamiento bien estructurado y con ideas algo distintas a las mías, avanzo más.

Y luego está todo lo contrario, que es lo que hacemos cuando abrimos twitter o facebook: exponernos a asnos -si se me disculpa la expresión- “del otro bando” y unirnos a “los nuestros”, unos días en indignarnos, otros en reirnos de los rebuznos. Esto nos da una falsa sensación de superioridad, tanto personal como de la ideología de cada cual. Pero asnos hay en todas partes. O, más que asnos, personas a las que les ha faltado la capacidad, la formación, la paciencia o la sobriedad para escribir un pensamiento coherente en un momento dado. Personas así hay en todas partes, y el hecho de que existan no invalida ideología alguna. Dicho de otra forma: pienses lo que pienses, siempre vas a poder encontrar a uno más tonto que tú que piense lo contrario. Si quieres demostrar que tus adversarios ideológicos están equivocados, lee críticamente sus mejores libros, no sus peores tuits. Por muy entretenido que resulte a veces, y por muy útil que parezca en términos de propaganda, en realidad riéndonos de los rebuznos no avanzamos nada.

¿Qué tiene que ver esto con la ciencia? La segunda parte, muy poco: en ciencia, que alguien escriba una sandez en contra de una teoría no hace que la teoría sea correcta (ni incorrecta). La primera, el leer a gente inteligente que dice cosas interesantes en contra de la teoría que uno está defendiendo, mucho. De alguna forma, precisamente eso es la ciencia: plantear una teoría, ponerla a prueba por todos los medios -es decir, tratar de demostrar que es incorrecta- y, a veces, fracasar. Y solo entonces podemos aceptar honestamente esta teoría, provisionalmente, como correcta.

¿Y cómo intentamos demostrar que la teoría que proponemos es incorrecta? Fundamentalmente hay dos caminos. Por un lado, puede ser suficiente mostrar su inconsistencia interna, y aquí, aunque la autocrítica es necesaria, nos ayudan enormemente los colegas y revisores externos. Al intentar publicar los artículos, nos señalan: “de los experimentos o cálculos que has hecho no se extrae lo que concluyes“. Y duele, pero es imprescindible. De ahí el valor del sistema de publicación revisada por pares: se hacen más experimentos, más cálculos, se revisa, se corrige o se retira lo que se pretendía concluir. Se avanza, y se evita avanzar en falso.

La otra forma de demostrar que la teoría que proponemos es incorrecta es predecir resultados experimentales en ciertas condiciones, y luego comprobar si la predicción es correcta. Esta es la base de la ciencia empírica, y es una idea que no está lo bastante extendida. El orgullo de la ciencia y la diferencia con lo que llamamos pseudociencias no viene de tener títulos o batas blancas. La diferencia y el orgullo están en ser capaces de hacer predicciones y en ser capaces de, a continuación, verificarlas experimentalmente. Me detengo a decirlo con otras palabras, porque es un concepto que da vértigo: verificamos que la realidad, en su infinita complejidad, reproduce casi exactamente lo que ha predicho una ecuación sencilla. Porque la ecuación, comparada con la realidad, siempre es muy sencilla. Esto es lo que no hace bien una pseudociencia, porque, cuando lo hace bien, es ciencia. Esto es lo que no hacen en absoluto las supersticiones, y lo que se enorgullecen de no hacer las religiones. Y algunas supersticiones, religiones incluidas, van más allá y se enorgullecen de no ser ni siquiera internamente consistentes (“los caminos del Señor son inexcrutables”, “doctores tiene la Iglesia”…).

En ciencia, una teoría es apreciada por su sencillez, por su elegancia y por su potencia, pero también por las formas diversas e ingeniosas en las que ha sido puesta a prueba sin lograr demostrar que es incorrecta. Cuanto más la han machacado, cuanto más ha resistido, más claro tenemos cuales son sus límites de validez, hasta dónde llega y dónde empieza a fallar. Y, aunque las ciencias sociales y las humanidades no sean ciencias en el sentido de la Física, la Química o la Biología -como estas últimas no lo son en el sentido de las Matemáticas- creo que como animales políticos sí nos hemos de exigir honestidad intelectual. A la hora de validar las propias convicciones políticas, no caigamos en el comportamiento del fan incondicional. Expongámonos a intelectos honestos, que argumenten, que se documenten y que escriban bien, y que no piensen exactamente lo que ya pensamos nosotros. Seremos más críticos, y avanzaremos.

Conspiranoia, activismo y ciencia: chemtrails

Una tarde de verano de 2011: calor, pancartas y sonrisas. Pienso que hoy no ha venido mucha gente, pero la verdad es que aún es pronto, y siguen llegando. Ahí están Mila y Nacho, de mi asamblea.  Una chica nos reparte fotocopias: «Reunión de Educación el lunes». Me interesa: a la mochila. Parece que ya nos movemos cuando otro chico nos reparte la siguiente octavilla: «Toma la Bolsa, el 17S». A esto sí que habría que venir, pienso. Ya salimos de la plaza cuando me ponen en la mano el tercer papel de la tarde:

«Mira al cielo, ciudadano, y podrás ver lo siguiente: […] estelas químicas […] nubes químicas […] Infórmate, busca en internet chemtrailsSigue leyendo